
El pirata andaba como loco en busca del tesoro. Corría riesgos increíbles, asaltaba barcos, surcaba mares, seguía huellas, se fajaba con quien sea, mataba si era preciso, consultaba planos, llevaba una vida agitadísima. .. Todo en busca del tesoro… Pero el tesoro no aparecía… Sin embargo, estaba tan cerca de él… Estaba nada menos que en su propio corazón. Lo malo es que había indagado en los escondrijos más lejanos e inimaginables y había descuidado mirar en su interior. Allá, en el centro, en el corazón mismo, estaba el tesoro.
Hablando de la juventud norteamericana, un sociólogo dice: “nuestros jóvenes tienen todo lo que puede tener un joven hoy, menos una sola cosa; pero resulta que esta única cosa es lo esencial”. Y un educador, padre de familia, afirma: “Debajo de la capa de la satisfacción inmediata que proporcionan la disponibilidad de recursos económicos y la seguridad familiar, en bastantes jóvenes existen síntomas claros de desorientación, de falta de motivación, de vacío y soledad, de aburrimiento, de falta de consistencia personal, de un nihilismo y relativismo soterrados, que apenas pueden ser ocultados por los momentos de diversión perseguidos casi compulsivamente. Aunque muchos de ellos no parezcan tener graves problemas, no es precisamente una vida cargada de pasión e interés la que disfruta la mayoría de los jóvenes. Y, cuando falta la pasión, necesitamos recurrir a las adicciones…” (Pedro J. Gómez Serrano)
Hermosa vocación la de orientar al pirata a encontrar el tesoro en su interior. Tendrá que ser el joven quien lo descubra pero el educador le ayudará a encontrar el camino sin violentar su intimidad, respetando pacientemente su propio ritmo, sugiriendo más que imponiendo.
Jesús dice que donde está tu tesoro está tu corazón. Se puede decir también a la inversa: “donde está tu corazón está tu tesoro”. El joven que busca en su interior encontrará en Jesús la fortuna de su vida. En la encuesta sobre los “Jóvenes y la felicidad” de Javier Elzo se ve que los jóvenes más felices se encuentran en ese escuálido 10% que toma en serio la religión como modo de vida. Jesús da una razón de vivir.
De Woody Allen son estas cínicas palabras: “el dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida que sólo un auténtico especialista podría reconocer la diferencia”. Ni el educador ni el joven son especialistas en felicidad pero intuyen que, para ser feliz y hacer feliz, hay que buscar otras metas que las de ganar dinero a toda costa. Como dice la Madre Teresa de Calcuta, “hay dos tipos de pobres; los que no tienen dinero y los que sólo tienen dinero”.
Cultivar la interioridad permite ir creciendo como persona, buscar la verdad y quererse a sí mismo porque uno se sabe querido. Tú eres especial tiene que ser una convicción no para fomentar el egocentrismo sino para asegurar la autoestima. Que el joven se sienta querido por Dios va a depender en parte de que vea que le quieren sus educadores.
Ante este curso que se abre ante nosotros, una aventura apasionante: descubrir y ayudar a descubrir el auténtico tesoro de la vida dentro del interior de cada uno… En ti un tesoro… Bila ezazu.
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